viernes, febrero 01, 2019

Mi sonrisa en sus ojos.

Quien no ha imaginado una historia, una vida entera sólo al mirar a alguien.
Reconozco, no es la primera vez, que me gusta inventar a mi antojo simples guiones de película barata. Donde al actor principal puede ser cualquier persona que me encuentro a mí paso, en mi cotidiana vida.
Llevo días fijándome en mi nueva diva.

A la sombra de los edificios, a la guarida del sol aún recién salido aparece en la acera.
A un lado, sin entorpecer, pero sin pasar inadvertida.
Allí se encuentra, puesta por la divinidad para desear un sonoro " buenos días " a cada sombra que pasa a su altura.
Colocada por quien quiere la felicidad de la gente, impuesta para nuestro bienestar o simplemente por el azar o fuerza mayor.
De una manera u otra bien que surge efecto. Hablo por mí.
Desde la distancia observo que unos devuelven su saludo indiscriminado, otros que hacen el mínimo amén y pocos que todo lo contrario.
Ya en la distancia proyecta la felicidad en mi.
Siendo sincero el primer sentimiento a mi vista fué de pena, egoístamente de tristeza, desde luego que no fué indiferencia.
Me prometí, a voz alta y hacia mi acompañante que debía de verla aún más de cerca.
A la vuelta, saliendo de mi itinerario, fui a su encuentro.
En la cercanía proyectaba aún más simpatía, más belleza si cabe y más bonanza su persona.
Frente a ella y tras su insustituible saludo, no pude más que rendirme a su sonrisa.
Me tenía ganado.
Ataviada con mucho abrigo, gran bufanda y guantes que dejaban al descubierto los dedos para sus menesteres y propósitos.
El gorro dejaba al aire, al azar del viento de esa mañana, su cabello dorado.
Las gafas oscuras no impedían entrever sus ojos claros, vivos y puros.
Al alejarme aún llevaba conmigo mi tristeza al dejarla atrás.
Pero conmigo también me llevé la felicidad que reparte, la ilusión que vende y la bondad que emana.
Aún llevé y llevo conmigo esa " mucha suerte y gracias " que me brindó.
Suerte y gracias a tí Elisa.

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